SOLTAR. DEJAR IR. PARA RENOVARSE Y CRECER

SOLTAR. DEJAR IR. PARA RENOVARSE Y CRECER (kundan-ramisetti)

SOLTAR. DEJAR IR. PARA RENOVARSE Y CRECER (kundan-ramisetti)

 

Soltar. Dejar ir. Para renovarse, para crecer.

No es fácil, pero es necesario. Es parte de la vida.

La historia del árbol.

Una vez me contaron o leí en algún sitio un relato muy interesante (me da mucha rabia no poder reconocer la autoría de la historia pero no me acuerdo de dónde la he sacado) y te lo voy a contar a mi manera, porque no lo recuerdo de manera literal.

Érase una vez un joven árbol, de raíces fuertes y poderosas y a su vez flexibles ramas, decidido a ser el árbol más frondoso, de hojas más verdes y brillantes de todo el bosque.

Así que durante la primavera se nutrió, se enriqueció y dedicó toda su energía a crear muchos y fuertes brotes.

Y comenzaron a salir pequeñas y tiernas hojas, que pronto se tornaron en muuuchas, fuertes y brillantes verdes hojas.

Tanto fue así que su copa quedó llena al completo.

El se sentía pletórico, sus hojas hacían la fotosíntesis como nadie y el estaba a tope de savia y energía. Los pájaros encontraron un buen lugar donde hacer sus nidos y muchos animales del bosque buscaban la sombra bajo sus ramas en los días de calor y cobijo en los días de tormenta.

Y así pasó la primavera y el verano y poco a `poco los días se fueron haciendo más cortos, las temperaturas bajaron y el otoño hizo su aparición, entonces, las hojas de nuestro árbol protagonista, al igual que las del resto de sus compañeros de bosque, comenzaron a cambiar de color. Se tornaron amarillas, rojas… Y finalmente marrones y sin brillo.

Todos los árboles comenzaron a dejar caer esas hojas y sus ramas comenzaron a verse desnudas.

Pero nuestro árbol protagonista no quería dejar caer sus hojas que taaaanto esfuerzo le habían costado y tanta savia y energía le habían ayudado a crear. Las tenía tanto aprecio, habían sido tan verdes y brillantes, le habían ayudado a atraer a los animalitos a su lado, habían sido una primavera y un verano maravillosos gracias a ellas y ahora ¿tenía que soltarlas? NO.

No quería, le gustaban demasiado.

Sus compañeros le advirtieron que así no podría aguantar el invierno, que mantenerlas supondría mucha energía que necesitaba guardar durante la estación fría.

Esas hojas, ya no volverían a ser verdes y no podría hacer la fotosíntesis como antes ni obtener nueva savia rica, además si no las soltaba, no quedaría espacio para las nuevas hojas de la próxima primavera.

A regañadientes, nuestro árbol comprendió que tenían razón sus hermanos y poco a poco comenzó a deshacerse de sus hojitas. Al principio se sintió muy raro, como desnudo, en parte esas hojas le protegían, pero poco a poco comenzó a sentir ligereza y cuantas más hojas dejaba caer, más liberado se sentía.

Y cuando hubo dejado caer todas las hojas, se dio cuenta de cuánto peso había soportado. Un peso que ya no le servía para nada porque esas hojas ya no le proporcionaban la energía que un día si le dieron.

Y desnudo y completamente liberado de su carga se preparó para volver a generar nuevas hojas, más verdes y más brillantes que nunca con energía nueva y renovada.

 

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A veces nos aferramos y nos cuesta soltar

A personas, objetos, lugares, actitudes, pensamientos, ideas, creencias, hábitos…. Y nos aferramos siempre por un buen motivo, porque ese objeto, pensamientos, idea, nos aporta algo.

Nos aporta bienestar, seguridad, equilibrio… nos da algo bueno, nos hace sentir bien.

Nos aferramos a nuestras amigas porque nos quieren, nos cuidan y nos aportan seguridad, y queremos conservarlas. Por eso las cuidamos, la queremos y las protegemos.

Nos aferramos a nuestra ropa, porque nos hace sentir de una determinada maneras. Nos hace sentir nosotras mismas.

Esto mismo ocurre con ideas, pensamientos y creencias sobre el mundo, sobre nosotras mismas…

No nos damos cuenta de que la vida es fluir, es un cambio, son ciclos… 

Y que en ese fluir, las cosas van cambiando, se transforman. Incluidas nosotras mismas.

Y nos seguimos aferrando a cosas que han cambiado o que al cambiar nosotras ya no nos sirven como antes, tal vez ya no nos den tanto como solían, e incluso a veces, que comienzan a hacernos daño. A restarnos energía, tiempo, salud…

Claro, en unas zapatillas es fácil saber que ya no nos sirven porque se han roto y nos entra el frío y el agua.

En una relación o en una manera de pensar o en una creencia, es más complicado darse cuenta de que ya no sirve, de que nos está estorbando, anclando e incluso dañando.

Es complicado darse cuenta y complicado es aceptarlo.

Aceptar que una relación con una de tus mejores amigas ha cambiado hasta el punto de que apenas tenéis cosas en común e incluso a ratos la relación es algo tóxica no es nada fácil ni agradable. Eso seguro.

Como tampoco lo es darte cuenta de que algunas de tus creencias hasta el momento te eran útiles y te ayudaban y hoy lo único que hacen es hacerte sentir frustrada o triste.

Nos sentimos desnudas, expuestas cuando tenemos que aceptar que hay que soltar algo.

Porque le tenemos cierto aprecio, y nos ha costado un esfuerzo y una energía. Y sentimos apego.

Soltar, nos crea mucha inseguridad.

¿Y si suelto esto y me siento peor? ¿Y si lo dejo ir y de pronto vuelve a cambiar para bien? ¿Y si tiro mis zapatillas rotas y justo mañana aparecen como nuevas en la basura?

Si. Soltar da miedo. Miedo a la incertidumbre, porque dicen que “Más vale malo conocido que bueno por conocer” Pero eso es tan triste… Y nos limita tanto.

Soltar da vértigo, pero te libera y crea espacio.

Al principio da cosilla, pero cuando empiezas a soltar, comienzas a sentir una libertad… Una ligereza, que da un gustito que no veas.

Y cuanto más aferrada estás algo, más ocupa en tu vida y más miedo te da deshacerte de ello, muuuucho mayor es la sensación de libertad que sientes, casi como Mel Gibson en Braveheart, hasta se te intuye la cara pintada.

Y lo más importante de todo esto, es que cuanto te liberas, te sueltas y aflojas eso a lo que te apegas pero que ya no te sirve para nada, sientes la posibilidad de permitir que nuevas cosas florezcan y crezcan en ti misma.

Se crea el espacio necesario para que algo nuevo se geste.

Si haces limpieza en tu armario  y te deshaces de lo que ya no te vale o no usas, puedes comprar otra ropa que te siente mejor y te guste más.

Si dejas marchar una relación que ya no funciona, permites el espacio y el tiempo para que nazca otra que te aporte más.

Dejar un hábito nocivo te permite la posibilidad de crear nuevos hábitos que te sienten mejor.

Y así con todo….

Como nuestro árbol protagonista, es momento de dejar partir esas hojas que en un momento nos dieron tanto, esas hojas que nos hacían sentir bien y que tanto han enriquecido nuestra vida pero que ahora se han tornado pesadas, a la vez que vacías y que además no sólo no aportan energía sino que nos la restan.

Para comenzar te propongo un ejercicio de visualización

Como sé qu eno es nada fácil lograr dejar ir ciertas cosas o a ciertas personas te propongo este ejercicio sencillo de visualización.

Siéntate con la espalda recta y los hombros relajados pero el pecho abierto.

◊ Cierra los ojos y conecta con tu respiración.

◊ Trata de ir calmándola poco a poco. Cuando sea regular y te sientas cómoda comienza con la visualización.

Imagina o visualiza aquello de lo que te cuesta desprenderte. Si es algo intangible, puedes imaginarlo con alguna forma, escrito en un papel,… lo que te sirva a ti para darle un aspecto mas físico.

◊ Inhala profundamente y al exhalar observa como se ha alejado un poquito de ti.

Inhala de nuevo y siente el espacio creado al alejarse el objeto de ti.

◊ Exhala de nuevo y observa cómo se aleja un poco más.

◊ Al inhala siente el espacio y la sensación de ligereza que cada vez va siendo mayor.

◊ Continua así hasta que el objeto haya desaparecido de tu vista y solo sientas espacio y sensación de ligereza.

◊ Respira suavemente durante un par de minutos más y abre lo ojos.

Disfruta del nuevo espacio y la posibilidad de nuevas y bonitas experiencias en tu vida.

No tengas miedo, es momento de soltar.

A mí me costaba mucho soltar, porque soy muy apegada a las cosas y perderlas me creaba muchísima inseguridad, me daban miedo los cambios (bueno, me siguen dando miedo) pero poco a poco he ido descubriendo que la sensación de generar nuevos espacios para dar oportunidad a las nuevas experiencias, es súper interesante y enriquecedor, y empieza a ganarle terreno al miedo.

Vamos, que le he pillado el gustillo a esto de soltar, me hace sentir muy libre.

¿Y a ti? ¿Te da miedo? ¿Qué te gustaría soltar ahora mismo?

Cuéntamelo en los comentarios.

Estaré encantada de leer.

Un abrazo enoooorme.

Meri

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2 comentarios en “SOLTAR. DEJAR IR. PARA RENOVARSE Y CRECER”

  1. Me cuesta dejar ir a mi esposo, ya nuestra relación no es linda como un día fue,, nos hcemos daño y desgraciadamente aún vivimos bajo el mismo techo, por razones económicas no tiene a donde ir. Pero llevamos 4 meses separados. A veces me pregunto si hice bien pues me descubro extrañandolo, mas deseo físico que otra cosa. Agradecería un consejo. Saludos

    1. Hola Sandra, muchas gracias por tu sinceridad y compartir tu historia. La verdad es que es un tema delicado y muy personal, y mi consejo solo puede ser que te escuches de verdad, que escuches lo que tu corazón tenga que decir y después tomes tu propia decisión, sea cual fuere estará bien tomada. Tu sabiduría es grande, conecta con ella, tomate tiempo en silencio y escucha los mensajes que surjan del corazón. Un abrazo enorme con todo mi cariño y mucho ánimo.

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