Está bien estar mal. Cómo fluir en los malos momentos y sacarles el mejor partido.

Sí, está bien estar mal. Y sí, se puede fluir en los malos momentos y sacarles partido.

Porque la vida no es como dice Mr. Wonderful, ni estas nuevas corrientes de estar feliz y contenta a cada segundo.

Por supuesto que me considero una tía alegre y positiva. Pero lo de los 356 días del año feliz y sonriente no lo comparto en absoluto.

¡Qué agobio!

Creo que los malos momentos son absolutamente necesarios, y que forzar algo que realmente no se siente es perjudicial para la salud.

Está claro que nadie desea quedarse de manera consciente en un mal momento y que son mucho más agradables las sonrisas y los buenos momentos. Lo de engancharse a pensamientos, emociones o sentimientos chungos no es agradable, y aunque muchas veces nos pasa.

Personalmente, creo que cada momento, tanto los bonitos como los menos bonitos vienen a enseñarnos algo, en cada instante hay encerrado un aprendizaje. 

A mí me encanta aprender, y más aún si es sobre mí misma, eso me ayuda a crecer. 

Por eso he tomado la decisión de que cuando llegan esos momentos de estar más plof, lo mejor es fluir con ellos y dejar que me enseñen lo que sea que hayan venido a enseñarme.

Y estas son mis formas de fluir con ellos.

Aceptar y permitir.

Lo primero que hago es ser consciente y aceptar que no estoy teniendo un buen momento, que algo me esta afectando o haciendo daño. 

Sin tratar de modificar nada, ni juzgar si está bien o no. Simplemente acepto que estoy un momento plof. O estoy enfadada o irritada.

Me permito estar mal. Lo acepto y no me juzgo. Es tan natural sentir emociones agradables como emociones menos agradables y todas ellas tienen una función y un por qué. 

Así que permito que fluya y que revele lo que tiene para enseñarme.

Darme espacio. 

Estar a solas y mimarme un poco. Me doy mi espacio y paso una tarde tirada en el sofá, o me doy un paseo, o un baño..

Y me doy el tiempo que necesite para que esa emoción esté presente conmigo. Nos sentamos las dos en el sofá y nos dedicamos a comer patatas o nos ponemos ciegas a chocolate, da igual. Sé que cuando lo permito, la emoción, o el sentimiento no se quedan a vivir. 

Están el tiempo necesarios y se marchan.

Pero eso solo ocurre cuando les doy ese espacio. Cuando las empujo a lo más hondo de mí misma tratando de no verlas, se quedan más tiempo, al acecho, latentes, como de fondo. Y terminan saliendo de nuevo en el momento más inesperado.

Llorar.

Si lo necesito, lloro. Para mí es una de las maneras más rápidas de soltar presión y de dejarme fluir en la emoción que toque. Permitir que las lágrimas o el llanto fluyan libres.

Obviamente encuentro mis momentos para ello, no lo hago en medio de una clase. Pero sí que me permito el espacio y el tiempo para hacerlo, y no trato de detenerlo, simplemente lloro.

Me ayuda a soltar tanto emocionalmente como físicamente tensiones y nudos que se hacen cuando tienes uno de esos momentos.

Meditar.

Cuando tengo un momento plof, lo he detectado y lo he aceptado, me tomo unos momentos para meditar, para observarme, para sentirme. Mínimo 10 minutos.

Después de meditar un tiempo veo las cosas con más calma, las siento más integradas, muchas veces si no lo tengo claro antes, meditar y profundizar en ello, me sirve para ver qué es lo que lo causa y por qué.

Es una manera de observarme desde la calma y con más perspectiva. Se trata de meditar, no de darle vueltas al asunto, por lo que trato de observar con distancia y sin juicio.

Leer.

Leer siempre me ayuda a desconectar un rato, pero además, según lo que lea siempre me da una perspectiva nueva de cómo veo o afronto las cosas. 

Ultimamente mis lecturas son de mucho aprendizaje, y me hacen darle siempre una vuelta a la manera que tengo de procesar la información. Me abren nuevas posibilidades, opciones… y eso hace que vea mi mal momento desde una nueva óptica.

Hablar con mis amiguis.

El proceso interno siempre es maravilloso, pero hacer terapia con las amigas y contarles cómo me siento me ayuda a fluir por el momento chungo de manera externa.

Al contarlo me escucho y eso hace que le de una nueva mirada, al hacerlo externo.

Además ellas me dan su apoyo, opinión y consejo, lo que hace que vea la situación de otra manera. 

Eso no quiere decir que siempre esté de acuerdo con ellas o que haga caso a todos sus consejos, por supuesto que no, pero que se tomen la molestia de escucharme y darme su consejo me hace sentir apoyada y arropada.

Yoga.

Siempre yoga. Estar en la esterilla siempre me ayuda a procesar, a sentirme y a fluir. 

La práctica tiene eso, que me conecta con mi cuerpo, con mi respiración y ello siempre me lleva de viaje hacia adentro. 

Ese viaje, siempre, siempre, siempre, sin excepción alguna, da lugar a una transformación. 

Siempre a mejor.

Así que cuando tengo un mal día me digo, vamos a fluir en el, dejemos que pase, sin reprimirlo.

Porque por experiencia sé que cuando lo reprimes, tarda más en irse. 

Así que lo mejor es dejarse llevar, escucharse y aprender.

¿No crees?

¿Qué sueles hacer tú cuando tienes un día de estos?

¿Me lo cuentas en los comentarios?

Un abrazo,

María.

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