EL YOGA DE VERDAD NO SE VE, SE SIENTE

EL YOGA DE VERDAD NO SE VE, SE SIENTE

EL YOGA DE VERDAD NO SE VE, SE SIENTE

 

El otro día, ojeando Instagram, leí un post de Ari Gador, profesora de yoga y co creadora del blog Gaudium Vita, que me dio mucho que pensar.

La imagen era una foto en la que estaba haciendo Adho Mukha Vrksasana (o el pino o handstand o parada de manos o como quieras llamarlo), con los pies apoyados en la pared, formando una L.

En el texto hablaba sobre lo mal que se sentía a veces por no hacer ciertas posturas avanzadas y sobre lo que pensarían los demás, cómo “no practica suficiente” o “no es buena profesora”.

Me dije, “si es necesario hacer esas posturas avanzadas para ser buena yogui o ser buena profesora” está claro que no lo soy. Me sentía igual que Ari.

Pero no es así.

Hacer el pino es sólo una parte del yoga, muy, muy pequeña.

Pero ni mucho menos significa que seas un gran yogui por ello.

De hecho es algo que hacen en muchos otros deportes, por ejemplo, en crossfit lo hacen muchísimo y no son yoguis.

En gimnasia artística realizan infinidad de extensiones de columna, pero no es yoga. En el circo hay contorsionistas maravillosos que hace cosas increíbles con su cuerpo, pero eso tampoco es yoga.

El yoga es otra cosa.

Entiendo que estando en redes sociales y siguiendo todo el día a tantos yoguis maravillosos ocurra lo obvio, (hablo por mí, pero creo que nos pasa a muchas), terminamos comparándonos.

Y es horrible, porque al menos yo, siento que no llegaré nunca a ese nivel. Y me frustra muchísimo. Me ocurre mucho con las extensiones de columna por ejemplo, que me siento muy poco flexible y me presiono a mí misma por ello.

Pero luego me paro a pensar y me digo, “Vale, yo quiero llegar a esa postura” y lo siguiente que hago es preguntarme “¿Para qué?”

El problema, al menos en mí, surge del “¿Desde dónde quiero conseguir hacer esas asanas?”.

Honestamente, cuando miro Instagram o vídeos de otros practicantes a veces es mi ego el que habla.

Por supuesto que me apetece lograr esas posturas, pero las disfruto de verdad cuando surgen de mí misma, cuando quiero desafiarme, cuando quiero probar nuevas cosas o retarme y siempre desde una conciencia y una preparación previa.

Y sobre todo siendo consciente de que si no lo hago, tampoco pasa nada.

La realidad de las fotos que vemos. Son bonitas, pero no es yoga.

Y sigo hablando de mí, y voy a ser honesta.

La verdad, no suelo tener a Dani ( amiga y fotógrafa de El Estudio de Lelle) a mi lado siempre que practico. Hacemos sesiones de fotos, pero no es una práctica de yoga.

Son fotos para que se vean bonitas, pero eso no es yoga.

Y eso es lo que solemos ver en las redes. Que es genial, por supuesto, porque esa es su función, que sean fotos bonitas y que inspiren a otras personas.

A mí me encanta ver fotos bellas de otras profesoras o yoguis de todo el mundo, me encanta admirarlas y sentirme inspirada, no creo que sea nada malo en absoluto.

Lo malo es compararse y sentirse menos yogui o peor profesora por no estar en una playa paradisiaca haciendo el pino.

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Por eso no siento que, ni mis alumnas, ni tú, ni yo seamos menos yoguis por no hacer ciertas posturas.

Porque no puedo decir que mis alumnas o mi madre que no hacen el perro boca abajo sean menos cuando vienen todas las semanas, practican de forma honesta y se mantienen presentes.

Creo que se es la mejor yogui por todo lo que sí se hace.

Porque el yoga se siente, se respira, se vive.

Y se es una buena yogui cuando practicas de forma regular, con amabilidad y respeto hacia ti misma.

Cuando respiras, cuando te mantienes consciente en la postura que sea, cuando te observas y te escuchas mientras meditas.

Cuando preparas el cuerpo para avanzar e ir más allá.

Más aún cuando te mantienes presente aunque estés fuera de tu esterilla, haciendo la comida por ejemplo.

El yoga es algo interno, y da igual lo que se esté viendo por fuera.

No importa la postura en la que estés, sea la que sea.

Es algo íntimo. Es un proceso, que ocurre dentro de ti misma, es consciencia, es equilibrio, es desafío, es querer dar lo mejor de ti misma para ti misma. Es tu propia transformación.

Pero eso no ocurre sólo porque practiques posturas o asanas, el yoga es mucho más, eso es sólo una parte y no debemos olvidar y valorar todo lo demás.

Por eso, mi consejo es, y me lo aplico a mí misma todos los días, porque a mí también me pasa.

No te frustres, no te compares.

Vive y siente tu propia yoga, es tu experiencia lo que cuenta. Esto es un camino, da tus propios pasos cada día, al ritmo que tu marques, es tu propio proceso.

Y si te ocurre de vez e cuando, cuéntamelo, me encantaría leerte. ¿Te has sentido alguna vez así? ¿Cuándo?

Un abrazo enoooooorme.

María

 

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4 comentarios en “EL YOGA DE VERDAD NO SE VE, SE SIENTE”

  1. Genial post
    Yo pienso como tú. Y también se lo digo a mis amigas cuando vienen ha compartir la práctica. El yoga es mas que una foto bonita.
    Es tu propia trasnformación y tu propia relación interna

    1. Gracias Paloma, tienes toda la razón, el yoga es mucho más que una foto. me alegro mucho de que te haya gustado el post, que ilusión. Y mil gracias por tu comentario. Un abrazo gigantescoooo!

    1. Ay Carolina, que ilusión que te haya gustado, cuánto me alegro. Y muchas muchas gracias por tu comentario. Un besazo guapa!

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